Cada 5 de septiembre la Iglesia Católica festeja a Nuestra Señora de las Nieves y a pesar de que esto se debe a sucesos europeos, en nuestro hemisferio coincide con el invierno, donde las precipitaciones este año han causado estragos debido al cambio climático sumado a la mala planificación urbana.
Lo cierto es que, nuestra cordillera hoy se ve teñida con un hermoso manto blanco. Portillo, a una altura de casi 3000 mnsm, indica en lo que va del año una cantidad de nieve precipitada de 696 cm, mientras que Codelco Andina, indica 861 cm en el rajo, a más de 4000 msnm.
El Valle de Aconcagua es un territorio de montaña y gran parte de este territorio pertenece a la Cordillera de Los Andes. Las personas se hacen parte de ella saliendo a pasear a la montaña o bebiendo un té en choquero un fin de semana. También poseemos 2 centros de ski: El Arpa y Portillo, este último fue sede del campeonato mundial de ski en agosto de 1966.
Durante siglos, nuestra cordillera albergó ganadería camélida y sirvió de conexión y comercio con el exterior. Más tarde se convertiría en la puerta de acceso del Ejército de Los Andes. Si bien, San Martín y Bernardo O’Higgins cruzaron más al norte, por los pasos de Las Llaretas, Ortiz, Quebrada Honda y Valle Hermoso para llegar a Putaendo, fue Gregorio de las Heras quién cruzaría por el actual paso Los Libertadores para llegar a la ciudad de Los Andes.
En la actualidad, nuestra cordillera Aconcagüina presenta diversos usos: ganadería, minería, turismo, senderismo, montañismo, ski de travesía, entre otras. Posee, además, la única Escuela de Montaña del Ejército de Chile. Y también ha sido escenario de los más altos niveles de escalada a nivel mundial, como lo fue en 1939 el ascenso al Alto de Los Leones por el chileno Carlos Píderit y su cordada Dorly y Frederic Marmillod, un hito mundial para la época.
La cordillera es fuente de vida porque allí nacen las aguas que nutren nuestros valles y es escenario de múltiples actividades. Es nuestro deber cuidarla y protegerla, sobre todo de actividades que ponen en riesgo nuestra seguridad hídrica ya sea por contaminación, destrucción de la infraestructura crítica de reservas estratégicas de agua dulce como son los glaciares o mal uso de este vital recurso.