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OPINIÓN: Ambivalencia en “tiempos mejores” por Franco Contreras

OPINIÓN: Ambivalencia en “tiempos mejores” por Franco Contreras

Generalmente las crisis muestran la fragilidad de las estructuras, como un edificio sometido al estrés de un terremoto, pero también muestran la falta de convicciones y la tozudez dogmática. Esto ha quedado perfectamente reflejado en el errático comportamiento de las autoridades de gobierno respecto a la pandemia Covid19.

El presidente y sus ministros, en esta grave crisis mundial diariamente nos entregan mensajes confusos y contradictorios. Con la revolución del 18 octubre, observamos esta modalidad de enfrentar las situaciones límites por parte de la autoridad, al enarbolar el discurso de la defensa de los derechos humanos, pero no hacer nada realmente contundente en la práctica, lo cual quedó ampliamente descrito en 5 informes nacionales e internacionales al respecto, emitidos por Amnistía Internacional, Organización de las Naciones Unidas, Human Rights Watch, Instituto Nacional de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Hoy, en formato coronavirus, la tozudez dogmática no resiste a la ciencia, especialmente si nos encontramos en un abierto e inherente proceso comparativo a nivel internacional, para evaluar si las políticas públicas de salud van por buen camino o no, algo que con dolor, los pastores de algunas congregaciones religiosas, a pesar de la supuesta protección divina, han comprendido, debiendo abstenerse de sus actividades del culto y quizás rezarle a la ciencia.

El presidente y el ministro de salud hablan de “nueva normalidad”, “retorno seguro” y la subsecretaria de salud, Paula Daza nos invitaba a un cafecito entre cuatro personas resguardando las distancias. Ahora Jaime Mañalich trata de imponer la “batalla de Santiago” contra un enemigo “portentoso”, algo similar a la guerra de Sebastián Piñera y su enemigo “poderoso”, una especie de cacofonía discursiva de la autoridad.

Se relajan las medidas y se disparan los casos, con cuarentenas “dinámicas”, en un baile donde la música la pone el coronavirus, mientras recordamos la euforia del ministro Mañalich al calificar de “error” que los niños no asistan a clases, tratando de imponer una “nueva normalidad” y ahora lo tenemos endureciendo el discurso, pregonando severos castigos contra aquellos que violen la cuarentena, finalmente nadie entiende nada y el resultado es un trabajo a medias.

Al interior de algunas cabezas el dogma político no les permite reconocer una buena gestión como la de China o Argentina, incluso Cuba o Venezuela y prefieren conducirnos por un camino ambivalente, parecido a un manual para convertirse en demócrata cristiano.

Pero el virus no tiene color político, no obedece dogmas y no le faltan ni le sobran convicciones, solo le interesa vivir, replicarse y mutar.

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