En medio de la devastación que dejaron los incendios forestales en el sur del país, un pequeño gesto logró iluminar uno de los momentos más difíciles. Cuando el contingente del Cuerpo de Bomberos de Santa María, en particular una bombera de la Segunda Compañía, se preparaba para regresar a casa tras varios días de intenso combate del fuego en Ñipas, una niña se acercó para entregar una carta escrita a mano.
El mensaje, sencillo y lleno de inocencia, decía: “Bomberos gracias por todo y además por apagar el fuego. Gracias por protegernos del fuego”. Con dibujos, estrellas y corazones, la carta reflejaba un agradecimiento genuino, de esos que nacen desde el corazón y que no necesitan grandes palabras para emocionar.
Ñipas, capital de la comuna de Ránquil, en la Región de Ñuble, fue uno de los sectores afectados por los incendios, emergencias que movilizaron a voluntarios desde distintas zonas del país. En ese contexto de cansancio, humo y largas jornadas lejos de sus familias, el gesto de la niña se transformó en un reconocimiento profundo al trabajo silencioso y abnegado de los bomberos.
Para quienes arriesgan su vida protegiendo a otros, este tipo de acciones recuerdan el verdadero sentido del voluntariado: servir, cuidar y dejar huella en las personas. Una carta pequeña, sí, pero un gesto gigante que quedará grabado para siempre.


