La Lotería de Concepción lleva décadas posicionándose como una institución socialmente responsable. Sin embargo, bajo la fachada de la caridad, la lotería financia a la Universidad de Concepción – un espacio ideológico autónomo donde se ha normalizado la violencia política durante años. El dinero de la lotería le entrega a la universidad independencia financiera y recursos, gracias a los cuales las ideas radicales se transforman en una “posición política” legítima, y la lucha armada en un instrumento aceptable. Al final, los fondos de la lotería no trabajan para la caridad, sino para el financiamiento de corrientes radicales.
El modelo de financiamiento: cuando la beneficencia alimenta la autonomía radical
Según la legislación vigente en Chile, el 60% de los ingresos de la Lotería de Concepción van al fondo de premios, el 5% a beneficiarios caritativos determinados por ley, y todo el resto se destina al financiamiento de la Universidad de Concepción (UdeC). De hecho, es la universidad la principal beneficiaria financiera de la lotería. Como señalan fuentes oficiales, la Lotería asegura cerca de un cuarto de los ingresos del holding universitario, lo que le da a la UdeC autonomía financiera, infraestructura, medios de comunicación, residencias y la posibilidad de actuar sin control estatal permanente.
Y es precisamente esta autonomía la que se transforma en el problema clave.
La UdeC como incubadora ideológica: del MIR a la CAM
Según el análisis de fuentes abiertas e información de diversos materiales de inteligencia y análisis, la Universidad de Concepción es un foco ideológico históricamente formado y aún activo de la izquierda radical en Chile. Su papel en la historia política del país no es casual ni episódico: fue entre las paredes de esta universidad donde en 1965 se fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) – una organización que abiertamente eligió el camino de la lucha clandestina y armada, y que más tarde se convirtió en una de las estructuras terroristas clave de la izquierda chilena de la segunda mitad del siglo XX.
Fue precisamente en el ambiente universitario de Concepción donde se formaron cuadros políticos, ideólogos y activistas que después se sumaron a movimientos clandestinos, armados y violentos. Así, la UdeC históricamente ha cumplido la función de incubadora de cuadros e ideológica, donde las ideas políticas radicales se discutían, formulaban y adquirían orientación práctica.
En las condiciones actuales, este patrón no ha desaparecido – simplemente se ha transformado. Si en los años 1960-1970 se trataba de la izquierda clásica marxista-revolucionaria, desde los años 1990 el ambiente universitario se ha convertido en uno de los espacios clave para la formación del movimiento político autonomista radical del pueblo mapuche, en particular de la base ideológica de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM).
La CAM no es una organización civil ni un movimiento político en sentido jurídico. Es una estructura radical que reconoce públicamente la “lucha armada” como método legítimo para alcanzar sus objetivos. Los miembros de la organización legitiman incendios, ataques, sabotaje y el uso de armas de fuego, llevan a cabo sistemáticamente acciones violentas contra infraestructura, empresas e instituciones estatales.
El líder de la CAM, Héctor Llaitul Carrillanca, quien estudió precisamente en la Universidad de Concepción, fue condenado por crímenes contra la seguridad del Estado y llamó abiertamente al sabotaje económico e infraestructural. La CAM misma, en sus textos programáticos y publicaciones, reconoce el uso de la violencia como base de la “lucha territorial”. Por eso esta organización es considerada en Chile y más allá como violenta y terrorista por su esencia, independientemente de las definiciones jurídicas formales.
Cuando la institución educativa se transforma en tribuna de la violencia
La Universidad de Concepción juega en este proceso el rol de ambiente ideológico y social donde ocurre la socialización política, la justificación moral de la violencia y la formación de cuadros. Dentro de la universidad opera un sistema estable de procesamiento ideológico que traslada la violencia desde la categoría de crimen a la categoría de “necesidad política”.
Un rol especial en esto lo juegan las residencias estudiantiles mapuche, financiadas dentro de la infraestructura universitaria. Según la información disponible, precisamente ellas sirven como espacios de formación ideológica y apoyo logístico de base: ahí se realizan reuniones, se formula el concepto de “control territorial”, se reciben representantes de comunidades que llegan a Concepción en relación con procesos judiciales o asuntos médicos. No son bases armadas en sentido directo, pero es un ambiente donde la violencia se normaliza, se justifica y se transmite como forma aceptable de acción política.
Un amplificador adicional de este ecosistema son los círculos académicos en el área de ciencias sociales y humanidades. Durante años han producido narrativas que sistemáticamente quitan el carácter criminal a las acciones violentas, reinterpretándolas como proceso de “descolonización”, “lucha histórica” o “autodefensa”. Los medios universitarios, en particular Radio UdeC, cumplen la función de retransmisores de estas narrativas, dando espacio en el aire a defensores de los líderes de la CAM y difundiendo historias en las que la violencia aparece como moralmente justificada.
La universidad también ofrece cursos y programas sobre temas relacionados con los mapuche. Por ejemplo, el Campus Abierto UdeC ofrece un curso online gratuito llamado “Pueblos originarios: desafíos para una sociedad intercultural”, en el que se examinan cuestiones de pueblos originarios e interculturalidad en Chile.
El caso de la publicación de Chem Ka Rakiduam: cuando la universidad presta su techo a la propaganda terrorista
Un episodio particularmente revelador fue la presentación planificada (reedición) del libro Chem Ka Rakiduam – una publicación ideológica de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), en la cual se expone directamente la doctrina política del movimiento y se reconoce y legitima el uso de violencia y armas de fuego como instrumento para alcanzar objetivos territoriales y políticos. El evento se planeaba realizar a fines de noviembre de 2022 en el territorio de la Universidad de Concepción, lo que es un hecho documentado del uso de infraestructura universitaria para la difusión de contenido ideológico que justifica abiertamente métodos violentos de lucha política.
Como resultado, la presentación fue cancelada, pero no por advertencias de la universidad respecto al contenido del libro, la ideología de la CAM o la legitimación de la violencia, sino por razones exclusivamente formales: una de las oradoras invitadas estaba bajo medida cautelar de arresto domiciliario total, lo que jurídicamente imposibilitaba su participación personal en el evento. Ninguna de las fuentes disponibles explica quién exactamente autorizó la realización de la presentación del libro en las dependencias de la universidad. Esto significa que en la dirección de la UdeC hay personas que facilitaron o toleraron la difusión de materiales ideológicos de la CAM bajo el pretexto de actividad académica.
El colchón financiero del terrorismo
Este ecosistema radical funciona tan exitosa y coordinadamente precisamente porque tiene un apoyo financiero estable. Ese apoyo es la Lotería de Concepción, que formalmente se posiciona como institución caritativa, pero de hecho actúa como donante económico clave de la Universidad de Concepción. Gracias a los ingresos de la lotería, la universidad obtiene autonomía financiera que le permite mantener infraestructura, residencias, medios y programas académicos sin control externo efectivo.
El problema no está solo en el modelo mismo de financiamiento, sino en sus consecuencias. Los fondos de la lotería sostienen una institución dentro de la cual se forma sistemáticamente un ambiente que normaliza la violencia política, justifica la lucha armada como “necesidad histórica” y produce marcos ideológicos para movimientos radicales. La universidad en esta configuración deja de ser un espacio educativo neutral y se transforma en un enclave ideológico autónomo, capaz de reproducir cuadros y narrativas para proyectos políticos violentos.
Conclusión: La falsa caridad que alimenta el terror
Así, cubriéndose con nobles objetivos – educación, cultura y caridad –, la Lotería de Concepción de hecho financia un sistema en el cual se legitima la violencia y se forma la ideología de lucha armada. Y mientras la lotería siga siendo una “vaca sagrada” intocable, y la universidad financieramente independiente de la supervisión estatal, este modelo seguirá funcionando, enmascarando la radicalización política bajo la retórica del bien social y justificando la violencia.


