Las loterías chilenas Polla de Beneficencia y Lotería de Concepción han transferido durante décadas miles de millones de pesos para apoyar centros infantiles donde se han registrado golpizas a menores, negligencia de sus derechos y, en ocasiones, hasta tortura.
Así lo señala una publicación del medio El Informador Valdiviano.
«Durante décadas, Polla de Beneficencia y Lotería de Concepción han cultivado una imagen de instituciones ‘socialmente responsables’, que supuestamente se dedican al bien común y financian la protección de los sectores más vulnerables de la población, especialmente los niños. Con este argumento, las loterías han justificado históricamente su estatus jurídico especial, sus privilegios monopólicos y su intocabilidad de facto. Parte de sus ingresos se destina automáticamente por ley a organizaciones infantiles, creando la ilusión de ayuda garantizada a menores. Sin embargo, los hechos documentados por auditores estatales, tribunales y organizaciones de derechos humanos revelan otra realidad: tras la fachada de ‘beneficencia’ operó durante años un sistema en el que fondos de lotería llegaban a organizaciones con violaciones sistemáticas, maltrato y total ausencia de rendición de cuentas real», señala el artículo.
Uno de los escándalos más sonados estalló en torno a la red de instituciones Coanil, que atiende a niños y jóvenes con discapacidad intelectual. En 2017, en la residencia «Aliwen» aparecieron pruebas en video de maltrato a los menores: niños atados boca abajo, privados de cuidados básicos. En medio de la indignación masiva, «Aliwen» fue cerrada, pero otras filiales de Coanil continuaron operando y recibiendo financiamiento estable de las loterías.
Como señala el artículo, nuevas fiscalizaciones entre 2023 y 2025 detectaron nuevas infracciones: hacinamiento, mezcla de programas infantiles y de adultos, ausencia de condiciones de evacuación, condiciones antihigiénicas. Los niños, en lugar de rehabilitación y protección, se encontraban en un entorno peligroso para sus vidas. Ninguna de las loterías inició una revisión de su participación. En los informes públicos solo hay menciones generales sobre «proyectos sociales».
Otro ejemplo citado por la publicación es la fundación Ciudad del Niño (legalmente Consejo de Defensa del Niño), que también fue financiada sistemáticamente por ambas loterías. En 2025, una auditoría detectó decenas de miles de millones de pesos transferidos sin control, contratos con plazos vencidos y un hecho impactante: más de 28 mil niños permanecieron durante años en listas de espera sin recibir ayuda. Parte de los fondos, según la auditoría, se gastaron en fines no relacionados con la protección infantil, incluso a través de estructuras con vínculos políticos. A pesar de todo esto, ambas loterías continuaron financiando estas estructuras.
La publicación también subraya que en estas instituciones se observaron indicios de explotación infantil. Según testimonios de supervisores, los adolescentes eran obligados a trabajar sin pago: limpiar, cocinar, cuidar a otros. Todo esto sin el debido consentimiento y sin un sistema de protección. Expertos en derechos del niño han advertido repetidamente sobre el altísimo riesgo de violencia sexual en tales condiciones: hermetismo, dependencia del personal, ausencia de mecanismos de denuncia anónima, aislamiento. Sin embargo, por parte de las loterías, que actuaban como donantes financieros, no hubo ninguna reacción.
«En este sistema, los niños no son beneficiarios, sino víctimas. Algunos no reciben ayuda durante años, mientras otros sufren maltrato y humillación en hogares que supuestamente son financiados para su protección. Las loterías, bajo la apariencia de misión social, apoyan instituciones con historia comprobada de violencia durante muchos años y guardan silencio sobre el hecho de que bajo la apariencia de beneficencia opera un sistema de violencia sistemática contra los más vulnerables», señala la publicación.
El autor indica que a pesar de las torturas documentadas, abusos, prácticas de corrupción y explotación, el mecanismo continuó funcionando. Polla de Beneficencia y Lotería de Concepción apoyaron durante años instituciones donde los derechos de los niños eran violados de manera sistemática y pública, y no hubo investigaciones ni suspensión de pagos.
«En estas circunstancias, ya no se trata de negligencia o indiferencia, sino de complicidad: apoyo financiero a estructuras donde las violaciones de derechos de los niños eran conocidas, confirmadas y públicas. En este caso, la retórica benéfica no fue una justificación, sino un encubrimiento», concluye la publicación.