Hay personas que llegan a una ciudad y terminan siendo parte de su alma. Loro Coirón fue una de ellas. Su partida deja una profunda tristeza en Valparaíso y también entre tantos andinos, andinas y chilenos que aprendieron a querer su arte, su sensibilidad y esa forma tan especial de mirar la vida.
Thierry Defert, el artista francés conocido cariñosamente como Loro Coirón, falleció a los 78 años. Había nacido en París en 1948, pero fue en Valparaíso donde encontró un lugar al que pertenecer y una historia que contar con sus manos, sus trazos y su corazón.
En sus grabados, dibujos y murales quedaron retratados los cerros, las escaleras, las calles y, sobre todo, las personas. Esos rostros cotidianos que muchas veces pasan inadvertidos encontraron en él a alguien capaz de convertirlos en protagonistas y guardar su memoria para siempre.
Su obra cruzó los límites de la ciudad puerto. En Los Andes y en todo el Valle de Aconcagua son muchos quienes admiraban sus creaciones y sentían una cercanía especial con ese artista que, aunque nació lejos, supo expresar como pocos el espíritu de una ciudad chilena.
Porque Loro Coirón no solo dibujaba Valparaíso: lo abrazaba en cada imagen. Nos enseñó que la belleza también vive en una esquina antigua, en una conversación de barrio, en la gente sencilla y en los pequeños momentos que construyen nuestra identidad.
Falleció el 23 de octubre, pero quedan sus obras y la emoción que provocan. Quedan las historias, los recuerdos y ese cariño que no conoce fronteras ni se apaga con una despedida.
Hasta siempre, querido Loro Coirón. Gracias por enamorarte de nuestra tierra y dejar en ella tanto de ti. Tu mirada seguirá viva cada vez que alguien se detenga frente a una de tus obras. Valparaíso nunca dejará de recordarte.
